Qué bien que yo no creo en este tipo de fiestas y además procuro no practicarlas porque me parecen, entre otras cosas, crueles. Sí, crueles. Suena un poco fuerte y duro pero es la verdad. Regalos y felicidad; consumismo e hipocresía.
Se supone que estas fiestas celebran la alegría de determinadas situaciones o enaltecen figuras, por ejemplo, el día de la madre, el día del padre, etc. Pero ¿y si resulta que no tienes padre, o madre, o ninguno de los dos? de igual forma, ¿y si no tienes un amor en tu vida? Creo que no deja de ser una manera de que aquellos que no pueden celebrar por estos motivos lo pasen mal recordando su situación de falta de motivo para celebrar, valga la redundancia.
Tema aparte se merece la Navidad, que agudiza aún más la sensación de soledad y tristeza en aquellas personas que o han perdido seres queridos, o que no tienen familia, o pasan por una situación difícil ya sea por motivos de salud, trabajo, dinero. Desde niño te acostumbran a asociar felicidad con estas fechas pero luego la vida se va mostrando como es, dura e implacable cuando tiene que serlo, y además no entiende de fechas señaladas.
Yo creo que estas fiestas no deberían celebrarse en días concretos, coyuntura que el sector comercial aprovecha para beneficiarse del consumismo inducido y generado por ellos, si no pensar que la celebración está en el día a día por tener una madre, un padre, un amor, amigos, salud y, sobre todo, una vida.
Hay que celebrar la vida y, por eso, de esta quema se salvan los cumpleaños, que vienen a conmemorar que, afortunadamente, nacimos y continuamos aquí después de un año más.
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