
Este verano me ha recordado a muchos otros que pasábamos en la residencia de verano de mis abuelos en la Tabla de la hiedra, una urbanización al lado de un río y que no estaba cercano a ningún municipio, me lo han recordado el canto de los grillos que hacía mucho tiempo que no escuchaba. Mis hermanos y yo éramos niños, tan niños que lo que más nos gustaba era salir por las noches a cazar grillos, íbamos armados con una linterna y una botella de coca-cola llena de agua, (antes no existían latas, solo botellas como las de los bares pero con forma sinuosa), y nos poníamos a escuchar en mitad de la noche el canto de los grillos, seguíamos el canto sigilosamente hasta que nos acercábamos tanto que el "cri cri" del grillo cesaba. Entonces alumbrábamos con la linterna al suelo para buscar una madriguera, era un pequeño agujero en el suelo por donde echábamos el agua de nuestras botellas. El grillo salía rápidamente para evadirse de ser ahogado y rápidamente lo cogíamos y lo metíamos en una caja de cerillas (de esas grandes que se hacían para las cocinas). Los grillos se usaban como cebo para pescar en el río, esa parte nos la perdíamos porque éramos demasiado pequeños para sacar peces del río, nosotros solo sacábamos grillos de sus madrigueras. Hoy mis abuelos ya no viven y no hemos vuelto a la Tabla de la hiedra, pero en las noches de verano sueño que vuelvo a ese peculiar sitio para con esa segunda parte de pescar en el río.
